NOCHE

Hoy quiero cantar a la noche con estas palabras. Creo que no he sido el único ni el último en quedar atrapado por su magia.

NOCHE

Ven noche a mí.

de que el crepúsculo salga

hasta la línea del alba.

Ven noche a mí.

 

Noche,

por tu oración solitaria,

por tu rosario sendero,

por tu fe de trampolín,

por tu sudario al viento,

por tu desnuda presencia,

por tu silencio misterio.

 

Noche,

vehemencia acostada,

ladrido agudo del perro,

todo temblor en las hojas,

toda la verdad sin miedo

que el niño cuenta al adulto

sin el manto del secreto.

 

Noche,

tiempo de bendita tregua,

tiempo de paz en el lecho,

tiempo de enterrar el hacha,

tiempo de admitir los hechos,

tiempo a sentarse a la mesa,

tiempo de camino recto.

 

Tu tinta es clara en la luna,

un lazo  que ata el lucero

y desata las mareas

bajo la calma del cielo.

 

Dime toda la verdad

de tapia de cementerio

silencio a boca de jarro

de café de insomnio lleno.

 

Todos en tu vientre oscuro,

madre universal tu seno.

Fresca tu agua sin sed,

árbol  de sombra eterno.

 

Voy noche a ti,

bota la luna y se esconde.

Voy noche a ti,

hasta que el sol se rompe.

 

© de Nalimo Gutiérrez

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AL AMOR DE LA LUMBRE

Con un poquito de nostalgia por estos últimos coletazos de invierno hago un homenaje al otoño y al invierno, y al recogimiento al que nos obliga.

 

AL AMOR DE LA LUMBRE

Se van cayendo,

las horas de la tarde,

las hojas de los árboles.

 

Nos vamos recogiendo,

como juguetes en la caja,

como niños obedientes en la casa.

 

Y los árboles fuera

van remando sus hojas

se van doblando al viento a solas.

 

Dentro,

todo es silencio mayúsculo

NADA, palabra encantada (detrás del muro).

 

Fuera,

todo rugidos distantes,

nada en brazos abarcable.

 

El fuego de la hoguera entre la chimenea

nos abriga en todos los recuerdos que han pasado,

nos dormita en los sueños de un futuro robado,

 

y cuando el fuego se extingue en las horas

llega el nuncio del sueño a acunarme en el limbo

como perdón eterno, hundido en el olvido.

 

© de Nalimo Gutiérrez

EN TU AUSENCIA

EN TU AUSENCIA

En tu ausencia,

mientras tú no estabas para recibir mis besos,

mientras toda la noche la devoro en la luna,

mientras salto los charcos, los que anegan mi cielo,

mientras se dobla toda  la columna de mi árbol,

mientras busco tu techo yo bajo las estrellas,

mientras la oscuridad en el túnel del tiempo,

mientras no existe el mundo,  mientras no hay más planetas,

mientras el caos gobierna el vértigo en la nada,

mientras no hallo la brújula, la que me marque el Norte,

mientras el Norte, el Sur, Este y Oeste, tú,

mientras todo pregunto y la nada es respuesta;

 

en tu ausencia,

lanzo besos en sondas espaciales,

no agoto todo el hambre de tu tiempo,

no logro caminar sobre las lágrimas,

recojo tus recuerdos desde el suelo,

me abrigo en las estrellas y su frío,

yo sueño en mi máquina del tiempo,

recojo del recuerdo los escombros,

me tambaleo en el vacío del vértigo,

yo giro y giro como en un tiovivo,

vivo sin dirección como un sintecho,

albergo en la duda tu certeza;

 

en tu ausencia,

yo besaré tu estela,

yo detendré tu tiempo,

me secaré las lágrimas,

veré la primavera,

te detendré el tiempo,

reconstruiré tu mundo,

calentaré tu espera,

seguiré en este punto,

respetaré tu ley,

y mantendré tu rumbo,

tú, serás mi respuesta,

 

en tu ausencia.

 

© de Nalimo Gutiérrez

¿SOY ÉSE YO? (O EL MISTERIO DE CUANDO DESAPARECÍ AL CAER POR LA MADRIGUERA)

¿SOY ÉSE YO? (O EL MISTERIO DE CUANDO DESAPARECÍ AL CAER POR LA MADRIGUERA)

¿Cuántas veces nos sorprendemos al leer algo que habíamos escrito tiempo atrás, y dudamos de si esa persona y nosotros somos el mismo? Me alegra descubrir que esta misma sensación la comparte más gente. El otro día cayó en mis manos una reseña sobre el último libro de la escritora francesa Anna Serre: Voyage avec Vila-Matas. A lo largo de mi lectura afloran en cursiva las siguientes palabras de la autora (la traducción es mía): “El escritor que escribe sus libros no es la persona que está delante de vosotros. Nunca. La que está delante de vosotros tiene romances, una vida familiar, una bata, no le gusta el porridge, fuma demasiado, va todas las semanas al fisio, acaba de comprarse un abrigo nuevo, pasará sus próximas vacaciones en la Saboya. Sin embargo ésa, no es la que ha escrito un libro. La que ha escrito un libro no tiene cuerpo, no se la puede tocar, hasta es invisible.”

Tal vez el juego o fingimiento de creernos otro u otros, en un intento de abarcar el mundo, nos hace olvidarnos tanto de nosotros mismos… En otros casos, el de escritores “autobiográficos”, como el haitiano Dany Laferrière,  nos pone en duda de qué es real y cuál ficticia. Estamos constantemente borrando fronteras hasta en nuestros diarios, al punto de no reconocernos. El mejicano Sergio Pitol recuerda que “un novelista es alguien que oye voces a través de las voces y con ellas va trazando un mapa de su vida”, o se pregunta “si escribir ficción no será como recordar algo que no ha sucedido y de lo que retenemos fragmentos”. Lo cierto es que en ese rapto que escribimos, a veces, aparece ese vacío reflejo en el que avanza la palabra sola, y con ella la historia, sin que nosotros tengamos control alguno sobre la vida de ese mundo inventado que, al mirar nuestra rutina diaria, queda tan lejos de nosotros mismos… Parece como si esa mano, que nos pertenece, fuera la de un ser invisible a la que somos completamente ajenos, y que obedece a sus dictados ante nuestro pasmoso asombro tras ese tiempo de ausencia. Cuando la consciencia regresa, las páginas ya no siguen en blanco. Alguien, no sé quién, parece haber hurgado en nuestras cosas y haber convencido los espacios en blanco para contarnos una historia que, entre sueños, nos suena, pero cuyo resultado final se perfila ante nuestros ojos de sorpresa con toda una suerte de entresijos que, con toda seguridad, nunca habíamos previsto. Es como si la historia se hubiese escrito a sí misma. Los personajes cobran vida, toman sus propias decisiones, te roban la mano para dejar testimonio de su propia existencia. De pronto, la historia ya está escrita. Si bien conocíamos perfectamente bien el principio y el final del relato, como apunta Borges, lo que pasa entre el principio y el final es algo que bien escapa a nosotros. Y, en el caso de la novela, hasta modifica muchas veces el final.

¿Hasta qué punto existe el autor? ¿Hasta qué punto el lector se hace coautor? Para cuando queremos acordar el autor ha desaparecido. Se han borrado sus pasos, y lo único real que queda es la historia. Quizá ni eso. La historia se hace varias y la misma cuando la viven los lectores. Mucho se ha hablado sobre este tema desde Barthes, Foucault y Derrida.

 

© de Nalimo Gutiérrez

IGUALDAD DETESTABLE

 

IGUALDAD DETESTABLE

Los cuartos que se odian,

siguen cerrados,

el uno frente al otro,

de espaldas sin mirarse.

Se miran al espejo,

y el reflejo de ellos

es el vivo retrato

el uno al del otro.

Cuando suena su música:

la misma melodía,

distinta partitura.

Tan iguales sus fuerzas,

creyéndose distintas:

tienen el mismo polo,

por eso se repelen.

© de Nalimo Gutiérrez

UN REGALO DE REYES

UN REGALO DE REYES (: poética)

Un cuenco de palabras

sirven a desnudar

la verdad de un misterio

que se va componiendo,

ante tu asombro,

en base a una gimnasia

que voltea y redoma

las pulsiones dormidas

del eco de un oráculo,

te rodean, te acorralan,

y caen sobre ti.

Así que entonces

te tratas de escapar de

su camisa de fuerza.

La angustia se convierte en

redoble de tambor.

Se suelta una correa,

después la otra,

y las demás le siguen.

No creías escapar,

y sacas un conejo

saltando entre tus dientes

(las manos aún atadas)

de una chistera

que parecía invisible

pero que estaba ahí.

Después viene el bouquet-

las flores más hermosas-,

el trino de un jilguero.

Con las bocas abiertas,

incluida la mía,

las manos se soltaron.

No hubo reverencia,

ni tampoco aplausos.

Tal vez, tan sólo

quedó la boca abierta

helada de estupor,

sonrisa agradecida,

los párpados cayeron

lentos como telón.

Las butacas vacías,

y sólo tú

te das la vuelta entonces

como si el espectáculo

nunca hubiera existido.

 

Por la mañana,

encima de la mesa,

tan sólo una hoja

con una pluma al lado,

y unos versos vencidos

escalonaban

el blanco del papel.

 

© de Nalimo Gutiérrez

¿NARRATIVA, POESÍA O EL TODO?

¿NARRATIVA, POESÍA O EL TODO?

La idea de poesía como revolución de la prosa podríamos señalarla en tres casos concretos de autores de reconocido prestigio como Agustín Fernández Mallo, Paul Auster y Enrique Vila-Matas. Fernández Mallo partió de la poesía y su ensayo de lo que llamó Postpoesía hasta saltar a su Proyecto Nocilla. Cuando lees la Poesía completa de Auster, en su versión bilingüe, del poeta y traductor Jordi Doce, éste último señala y destaca en el prólogo cómo la obra poética de Auster fue la cimentación conceptual de toda la producción novelística que vendría después. Por su parte Vila-Matas, en el extenso prólogo a su Narrativa 1973-1984 reunida bajo el título En un lugar solitario, empieza por admitir que cuando empezó a escribir sólo había leído poesía y que su primera novela era un monólogo poético sujeto a leyes líricas nutrido con la escritura automática. Posteriormente leería de él su recomendación de no leer poesía antes de ponerse a escribir prosa. No obstante esta última observación, qué duda cabe que la poesía hizo su rica aportación a nivel analítico y conceptual a la hora de iniciar un camino original y de renovación en la narrativa tan destacado como el de estos autores.

Por otro lado, cuando en mayo de 2018, Pere Gimferrer fue a recoger el Premio Federico García Lorca respondió a la pregunta del proceso de la creación poética de una manera directa y sencilla. Primero partía de un brote de sonoridad o musicalidad como origen para iniciar la creación. En última instancia señaló la necesidad de leer prosa con el objetivo de que la poesía no siguiera retroalimentándose de sí misma y siguiera enriqueciéndose. Igual que para punto de partida mi humilde experiencia es bien distinta ( bien parto de una frase o imagen con fuerza y me debato como un escapista en una camisa de fuerza sin saber adónde voy y cada paso se encadena a otro con la sorpresa siempre por delante, o bien la idea está plenamente madurada y formada tras un proceso lento y laborioso reposo y se plasma directamente sobre el papel); en cuanto a la segunda observación, y dado el largo recorrido de Gimferrer, parece sensato prever que después de largas y detenidas lecturas poéticas de aprendizaje, para descubrir algo nuevo y avanzar deberíamos abandonar la zona de confort de lo conocido para adentrarnos en nuevos universos por explorar en la expresión y en las ideas. En la forma, claros ejemplos de prosa poética son Ocnos de Luis Cernuda, La estación azul de Javier Lostalé, por citar algunos, o el slam como forma poética oralizada en donde la realización o performance marcan la pauta, aquí está de actualidad César Brandon Ndjocu gracias a su impacto televisivo, o bien los blogs que han dado como resultado las nuevas tecnologías y han abierto el panorama de una forma total.

Desde la ortodoxia parecen darnos pistas de hacia dónde se pueden abrir nuevos horizontes. Desde géneros tan supuestamente alejados como poesía o narrativa se promulga la necesidad de un trasvase del uno al otro como una necesidad de supervivencia. La desaparición de fronteras entre géneros parece ser lo que muchos señalan. Dentro de nuestras fronteras podemos destacar la labor de Vila-Matas en su esfuerzo por desdibujar los límites entre ensayo, cuento y novela. Sin embargo, lejos de nuestras fronteras, en el minúsculo y pobre Haití, y en los años 60, se inició el movimiento espiralista como género total  con autores como Frankétienne y Jean-Claude Fignolé, quienes mantienen la práctica del espiralismo viva. A pesar de todo la cuestión estaría en saber hasta qué punto esta experimentación tiene cabida más allá de los circuitos academicistas y de la crítica, y se puede hacer compatible con los gustos del público.

 

© de Nalimo Gutiérrez