EL ECO ADOLESCENTE DE TUS LABIOS

¡Imagina cómo la crueldad del tiempo desdibuja los rasgos del ser amado, aunque tú los sigues reconociendo y reverenciando!

 

El eco adolescente de tus labios,

mullido atardecer de la inocencia,

es un dulce momento que regresa:

el beso derretido del ocaso.

 

Las nubes que se borran son tus pasos

igual que cae una hoja trémula

y el viento desvanece su presencia

sobre la ramada copa del árbol.

 

Mientras pisas la niebla del camino

percibes que es la niebla la que queda,

que se cae el camino de regreso.

 

Sólo al romper el ancla del recuerdo

el aliento del viento, hincha velas,

caminas, mientras duerme el niño niño.

 

© de Nalimo Gutiérrez

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REGRESIÓN

Hay cosas que no cambian por más que pase el tiempo, como si la evolución nunca hubiera existido.

 

REGRESIÓN

Llevo el último grito de la especie

extinguido hace mucho tiempo al oído,

y sobre su silencio germina la barbarie.

El desdomesticado instinto

deja correr

la garra sobre el filo del gaznate

mientras degusta el sabor a metal.

Con la razón hecha silencio,

el lenguaje es el grito del más fuerte.

Intraducible es la palabra

del aire detenido,

mientras huele

el peso de la hoja que se acerca.

La desnudez se cubre

con la piedra en la mano.

El sexo es

el ojo de un cráneo vacío,

cuyo semen se extiende

cubriendo las cenizas

del campo conquistado.

La compañía es la soledad

del arte del guerrero.

La procreación, el acto en serie

del débil violado.

La libertad la hace el sonido del acero,

mientras se entrega en la batalla,

con la última gota de sangre,

hasta que claudica, con el cansancio,

a la obediencia impuesta

del amo al esclavo.

 

La piel redobla,

porque late el instinto involuntario,

la memoria del libro,

fue pasto de las llamas,

y el número se

puso el casco del acero.

 

© de Nalimo Gutiérrez

CONTANDO OVEJAS

CONTANDO OVEJAS

Tal si hiciera el recuento del rebaño,

los años van saltando como ovejas.

Sin embargo no me quedo dormido.

Todavía no quiero.

Por eso empiezo a imaginar los años,

los que me quedan por vivir y no he vivido,

y voy saltando  hacia adelante.

Los saltos son tan lentos,

que el tiempo se ha borrado,

y yo soy pasto del rebaño y no los años.

Me pierdo por caminos,

tal se van encendiendo las farolas:

la larga avenida del noctámbulo.

Las ramas se separan.

Se separan las aguas.

Al final del camino,

esperan las promesas

mientras nos vamos quedando dormidos

como esa vela

con su cera

fundida.

©  de Nalimo Gutiérrez

LA PASIÓN DE UNA MADRE

A modo de recordatorio de la Pasión, por eso de que tenemos fresca la Semana Santa.

 

LA PASIÓN DE UNA MADRE

                                                                                       A Rainer Mª Rilke

 

Vi cómo mis claveles

morían en la tristeza de los lienzos

hoyando en tus pupilas

el camino del penitente

hasta el fondo de tu alma,

preñando tu dolor mejilla abajo

hasta parirlo en esa muerte lenta:

la madre frente al hijo agonizando.

 

© de Nalimo Gutiérrez

MADRE E HIJO

¿Quién no recuerda haberse separado de sus padres y perderse de niño, esa angustia y ese alivio final cuando te encuentran?

 

MADRE E HIJO

I

Los continentes se separan

sobre escaleras mecánicas

trillando el magma

en las entrañas de la tierra.

Se separan de esa seguridad que hay

entre madre e hijo

sólo suspendidos en la unión gravitatoria

de ese amor filial indestructible.

Con las entrañas arañadas

tras ese escaparate que separa

a esas vidas tan unidas.

La voz del hijo se ahoga tras ese cristal.

Los ojos de la madre absortos en las compras

todavía no lo han visto solo y angustiado.

 

II

Álveos, los sentimientos brotan,

dejan un corazón vacío

por el perdido curso adonde

el suelo es un desconocido.

Van corriendo mejilla abajo

por todo un ardiente camino

a darle sangre a un mar de olas

que se consume embravecido

en una oscuridad tan ciega…

Luces, centellas sobre el niño,

angustia de neones, tiendas

que van atracando bolsillos.

El niño atracado en la esquina,

en espera de su destino,

se nublan los ojos en lágrimas:

no sabe su madre lo ha visto.

 

III

Bajo los pies se ve el aire:

ha desaparecido el suelo.

Al dejar la percha se cuelgan

latidos de angustia primeros

sobre una ausencia temida.

Mas, sobre sentidos lamentos

domina experiencia pasada.

Por eso, me vuelvo y me vuelvo.

Alrededor escaparates

que me devuelven mi reflejo:

mis ojos angustia y espanto.

Pero al bajar por mi cuerpo

sus ojos semillan mi vientre

por sobre detrás del reflejo.

 

 

 

IV

Los ojos de la madre coinciden

con los ojos de un niño tan rojizos

como húmedas sus mejillas

que abren su sonrisa mariposa.

La madre caza al vuelo su alegría,

la mete en el bote que abre

para que no se escape, y guardarla.

 

© de Nalimo Gutiérrez

INFANCIA FUGIT

Cuando la infancia parece huir de ti, cuando te bajas de su tren en marcha y ves que se va y se aleja, no dejas de luchar por retener sus recuerdos como si fueran lo último que te ancla a la vida, como la red de un cazador de sueños.

 

INFANCIA FUGIT

No se te vayan las transparencias de la infancia

huyendo sonrojadas, y con la vergüenza del tiempo

sofocada y casi sin aliento

rozando el sprint del cansancio

de una cortesía ya mayor

que hoy parece fuera de lugar.

 

Y esas transparencias hoy impalpables

se alejan de nosotros en silencio

como dormidas, palomas rezagadas

con aliento de mensajeras, lejos,

tan lejos de su origen, tan cerca a su destino

como del desenlace de los días.

 

Y se nos borran como recuerdos de un sueño,

tan intangibles como algo que estuvo ahí,

pero que ya no está para decirnos lo que fuimos

con la certeza del presente de los frutos palpables

y combustibles como aliento.

 

Se fue. Infancia fugit.

 

© de Nalimo Gutiérrez

 

NOCHE

Hoy quiero cantar a la noche con estas palabras. Creo que no he sido el único ni el último en quedar atrapado por su magia.

NOCHE

Ven noche a mí.

de que el crepúsculo salga

hasta la línea del alba.

Ven noche a mí.

 

Noche,

por tu oración solitaria,

por tu rosario sendero,

por tu fe de trampolín,

por tu sudario al viento,

por tu desnuda presencia,

por tu silencio misterio.

 

Noche,

vehemencia acostada,

ladrido agudo del perro,

todo temblor en las hojas,

toda la verdad sin miedo

que el niño cuenta al adulto

sin el manto del secreto.

 

Noche,

tiempo de bendita tregua,

tiempo de paz en el lecho,

tiempo de enterrar el hacha,

tiempo de admitir los hechos,

tiempo a sentarse a la mesa,

tiempo de camino recto.

 

Tu tinta es clara en la luna,

un lazo  que ata el lucero

y desata las mareas

bajo la calma del cielo.

 

Dime toda la verdad

de tapia de cementerio

silencio a boca de jarro

de café de insomnio lleno.

 

Todos en tu vientre oscuro,

madre universal tu seno.

Fresca tu agua sin sed,

árbol  de sombra eterno.

 

Voy noche a ti,

bota la luna y se esconde.

Voy noche a ti,

hasta que el sol se rompe.

 

© de Nalimo Gutiérrez