CONSEJO DE LA ABUELA

 

 

CONSEJO DE LA ABUELA

 

Hay que atarse

el nudo del ombligo

para no salir volando

igual que un globo.

 

© de Nalimo Gutiérrez

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VOY CAMINO A SORIA

Amigos, seguimos con nuestras andanzas Camino a Soria. Esta vez nos detenemos en Silos. Reminiscencia de las glosas silenses, y del hermoso ciprés que cautivó a Gonzalo de Berceo y a Gerardo Diego.

 

31 de octubre, Santo Domingo de Silos

 

Un monasterio de mayúsculo renombre que eclipsa la plaza mayor y los alrededores. Ya sabía que madrugar se premiaría, y ante la duda me llueve una misa gregoriana. Cierro los ojos y aparece la paz monástica del beatus ille, no como concepto sino como realidad perceptible. Un amén en entonación de desacostumbrado ascenso apostillaba todas y cada una de las oraciones. El fin llega como un masaje relajante a base de palabras de bálsamo, promesa y consuelo. Los monjes se encierran en el monasterio. Nosotros salimos para cumplir con el rito de visita a la cuna de las églogas silenses y el claustro del ciprés de tan grandes poetas, “enhiesto surtidor de sombra y sueño”, teléfono vertical de contacto con lo divino.

Un mozo de pelo cortado a cazo nos ilustra con robotizada charla, memorizada que no sentida. Los versos que jalonan sus digresiones técnicas sobre el arte del claustro están tan muertos que no logran evocar los felices momentos con las musas de quienes los plasmaron sobre el papel. De apoyo ortopédico, los poemas fragmentos suenan a despiadados murmullos de arte muerto, asesinado en la letanía mecánica de la rutina.

Las columnas del claustro aparecen verticales en apoyos de dos en dos. Pero hasta el diablo parece querer tener su lugar en la vanidad del arte cuando inclina y entrelaza dos de ellas en carnal abrazo. El cielo sin pecado nos llega a decir y pintar a los ángeles sin ombligo porque han sido creados y no nacidos.

La visita al claustro termina y nos lleva a una botica del siglo diecinueve. La alquimia continúa buscando la inmortalidad:polvo de tortuga para retrasar la vejez. Si bien Eslava Galán nos habla del “unicornio” como remedio para la impotencia, la experiencia monacal recomienda el polvo de cuerno de rinoceronte para hacer limpiezas de hígado.

 

©de Nalimo Gutiérrez

VINO DEL MÁS ALLÁ

Recuerdo de la visita a una bodega jerezana. El vino fino en su barrica con la flor intacta.

 

VINO DEL MÁS ALLÁ

Sí. Después de las uvas viene el vino.

Lo nuevo que dejaron los corpúsculos

cuando insuflaron vida propia, hálito,…

La sangre de las uvas resucita

creando una flor de intocable pureza,

sobre el mojado albero en su prisión dormida,

fermenta en sus palabras recuerdos de verano

sutil pelo de estío en brisa de la tarde.

Todas esas visiones del Más Allá permiten

tomar oxígeno a su sangre

y volver a existir sobre los sueños

hirviendo poco a poco igual que la cal viva

las puras emociones del recuerdo

hasta querer hacerse eternas

y transmitir de boca en boca su alma

y nublar la retina de su nuevo anfitrión,

hacerlo ver más allá de sus propios ojos.

 

©de Nalimo Gutiérrez

VOY CAMINO A SORIA

¡Hola, amigos! Empezamos una nueva serie. La propuesta es una relación de viajes por la provincia de Soria, titulada “Voy camino a Soria”, recordando a la canción del mismo nombre de Gabinete Caligari.

 

30 de octubre  Buitrago de Lozoya

 

Nos sonríe con su cara alegre de chica del Este. Rusa o rumana poco importa. Sí, su invitación a ver la nueva carta de su hostal-restaurante. A todo color nos desenrolla un desplegable en el que luce sobre un fondo azul un plato de calamares a la romana, un plato con una chuleta y patatas fritas,… La enseña con orgullo de nueva propietaria desmereciendo la vieja pizarra con nombres y precios de raciones y bocadillos casi borrados, ilegibles. Las imágenes suculentas de las fotografías de su cartel dicen más a su todavía torpe español, probablemente más necesitado de imágenes con que ayudar la sosa pizarra gastada entre el jeroglífico y la nada en ciernes. Para mí las palabras comprometen menos que la hermosa imagen suculenta de un plato, que con toda seguridad distará del que me hagan llegar a la mesa. La realidad no siempre garantiza la perfección en el arte culinario. Para ella, una rubia de clara tez envuelta en pecas de más allá de las fronteras, poco dicen unos garabatos insalvables, ilegibles, infames. Su reclamo que hace segregar saliva nada más verlo hará imposible al comensal renunciar a esa promesa ideal, luego imparable aunque se aleje de la expectativa, ya con el apetito hirviendo entre los labios.

No obstante, contra todo lo que quiera parecer, me transmite simpatía, esa alegría que en su ilusión llega casi a rozar lo infantil. La infantil alegría de una niña que estrena zapatos nuevos y corre la calle de principio a fin diciendo a conocidos y desconocidos: “¿no son bonitos mis zapatos nuevos?” Después de tanta insistencia, puede que a mi alegría no exteriorizada en el grado requerido, volvió a una timidez anónima que sólo rompía con los clientes ya habituales. Por eso de que hace la costumbre, y el hombre siempre busca la comodidad de la rutina. La eslava sonreía y hablaba con desparpajo. Una cortina invisible había cubierto el espacio abierto desde que antes nos hablara. No era frialdad sino distancia lo que había crecido en tan sólo dos metros de tiempo.

©de Nalimo Gutiérrez

DE ORIHUELA Y MIGUEL HERNÁNDEZ

DE ORIHUELA Y MIGUEL HERNÁNDEZ

De las raíces de la tierra brotan árboles, cuya altura se eleva y conecta con el cielo. Sus nudos son heridas en el tronco de la higuera de un patio de una humilde casa de pastor, a las afueras de Orihuela. Su retrato sigue perenne ahí, en las huellas de sufrimiento afirmado en unas raíces que siempre han bebido de la tierra. Una tierra pobre y seca que hace batallar al hombre, para sacar alimento de entre las piedras que devoran una tierra yerma y escuálida. Árbol y persona se confunden en el recuerdo, mientras recorres todos los rincones de una casa humilde, con fotos familiares del poeta, pero ante todo hombre, hombre del pueblo.

 

Llegamos temprano a la ciudad de Orihuela, con el ánimo de disfrutar de su patrimonio, sin ignorar que Miguel Hernández es parte del mismo. Conforme nos acercamos al centro, sobre los pasos de peatones, descansan versos suyos. Igual que hojas sin otoño pisas esos versos que dan alas a tus pies y rápido te conducen a la Oficina de Información y Turismo.

Después de desayunar, recorrer iglesias, catedral y conventos, plazas, calles, las fachadas de unos rostros absortos en su rutina diaria… (la vida no se detiene y nos vive). Por eso, mientras abre al público, tras el recreo, el Colegio Diocesano de Santo Domingo, nos aventuramos en el palmeral que siembra, a un lado de la montaña, un parque moribundo que vuelve poco a poco a la vida.

El sol de mayo va derritiendo velas de sudor en nuestra frente, y buscamos la sombra y el fresco del Colegio Santo Domingo, considerado el Escorial del Levante. En la capilla no cupo lugar a la decepción: el monumento eclesial más sobresaliente del día. En el pequeño museo nos enteramos de que nuestro protagonista fue alumno allí.

Al salir, la Casa-Museo de Miguel Hernández, una casa de pueblo, tiene las puertas abiertas a todo el mundo. Entras con las manos vacías, y sales con el corazón lleno, porque la sencillez tiene valores inabarcables al dinero. Las habitaciones, el mobiliario, los utensilios de las labores de la casa y del campo, me retrotraen a mi niñez en casa de los abuelos. Salgo al huerto y, de entre los árboles, esa higuera preñada de nudos, igual que cicatrices, me emboba. Tantas heridas me hace entrar en el hueco de la memoria de un ensimismado Miguel, con los mismos sufrimientos que esa higuera atados al tronco de su alma.

Abandonamos la casa repletos de los momentos íntimos de un Miguel, para llenarnos con la labor social y cultural del otro que nos infunde el Centro de Estudios Hernandianos, vecino a la casa: obra, fotos, panfletos,..

El sol, justiciero, nos va empujando a empellones hasta buscar la sombra en el antiguo casino, que hoy alberga bar y restaurante con que contentar a los turistas, que poco a poco van huyendo del sol de la tarde y del hambre que atenaza las piernas cansadas. El lugar tiene el encanto de época de finales del XIX, principios del XX. ¡Qué agradable el contraste de su fresco! Pero también te hace pensar en el contraste de la gente acomodada de la ciudad frente al espíritu de entrega ,a los desheredados, del poeta.

El descanso nos permite encaramarnos el seminario que domina la ciudad desde la montaña. En el camino , dejamos un refugio de la Guerra Civil, y, un poco más arriba, una casa antigua espectacular: el Palacio de Ruvalcaba. Pero seguimos subiendo hacia un barrio humilde y del pueblo ( el Barrio de San Isidro), en el que nos apabulla el mejor homenaje a Miguel de su pueblo: han cedido lo más preciado que tienen, sus casas, para realizar murales que inmortalicen a quien dio todo por los suyos.

El día cedió con su cansancio, y “Riéndose, burlándose con claridad del día/ se hundió en la noche el niño que quiere ser dos veces.” Abrazado a estas palabras de Miguel Hernández, dejo descansar su recuerdo.

 

© de Nalimo Gutiérrez

FINAL DEPORTIVO

Finalizamos así  la selección de poemas de Espigas en la luz y en las tinieblas de Manuel Molina. Prosigue el recurso de las mayúsculas, y la utilización de un adjetivo vallejiano como “Herizado” ( muy herido), para terminar con una burla irónica a esa despedida de la que nadie podemos escapar. Espero que os haya gustado la selección de poemas, éste incluido.

 

 

FINAL DEPORTIVO

A César Vallejo

 

En  horizonte     Herizado de lágrimas tribales

me voy cruzando una meta de rugby

hasta dejar perdido el orizonte

 

de Espigas en la luz y en las tinieblas

© Manuel Molina

LA VIDA NO ERA SUEÑO

¡Hola! Estamos ya en la penúltima entrega de Espigas en la luz y en las tinieblas.

Sorprende la ortografía de las mayúsculas así como el significado de las mismas ( P= caracol ; LL= el humo  ; S= la lengua del camaleón). ¡Toda una sorpresa!

 

LA VIDA NO ERA SUEÑO

  A César Vallejo por desnudar/trilcear

 al diablo detrás de cada letra.

 

 

A veces nos enrolla, nos enrolla

la escalera del día,

caminando sin fin

en escalera arriba,

y peldaño a peldaño

el cansancio se en Pina

a verticalizar a nuestras fuerzas

desde la alta cornisa

hasta estirar el caracol

sobre la línea recta de la vida.

 

A veces, lo difícil es tan llano,

se llena tanto de metáforas…

que lía nuestras esperanzas

y se las fuma como cigarriLLo.

Nuestro suspiro en la boca,

descubre al camaleón: ese momento

que nos engulle en la farsa sobre su eScenario.

 

¡Despierta de ese sueño

y piensa que es tu vida

la que pones en juego!

 

de Espigas en la luz y en las tinieblas

© de Manuel Molina